Sólo Dios sabe por qué no cayeron los pétalos del lirio.



Ya los tengo en casa, dentro del florero y esperando a que abran. Son cuatro capullos de lirio, una flor que según parece despierta en mí sentimientos controvertidos. Quizá porque desde niña pensé que nadie ni nada podría colmar mis ansias de belleza, como el lirio de campo, me aferraba a él como a un clavo ardiendo.



Después, pasado el tiempo de la inocencia y el candor, se rompió el hechizo y apareció el dolor, y escribí estos pocos versos que aún hoy me producen desazón.


Sólo Dios sabe por qué no cayeron los pétalos del lirio.

El lirio desconoce la belleza de lo efímero.

Si tu cuerpo roza sus pétalos marchitos...

ya nada te salva.



Ayer fue una mañana soleada y fría de principios de Marzo, la Plaza de Tirso de Molina me esperaba con mimos y regresé a casa con mi mochila cargada de intenciones, de sueños, de versos, de flores, de admiración y agradecimiento. Dice el libro de la Sabiduría: - " porque la sabiduría es más ágil que todo cuanto se mueve, se difunde su pureza y lo penetra todo " - pues eso, así anduve yo esa mañana, atenta a las palabras de Jesús Urceloy, mi profesor de Literatura, no queriendo perder ni una coma de las palabras del poeta, admirando sus conocimientos, su sabiduría y su sinceridad. Hoy jueves a las 19 h. en Lucena (Sevilla) en la Casa de los Mora, presenta el número 11 de la colección El Orden del Mundo.

Recibir consejos de quien merece darlos es siempre un regalo que agradecer y yo tengo mucho por aprender.

Google me informó sobre este lugar emblemático de la ciudad de Madrid.


La plaza ocupó el solar del Convento de Nuestra Señora de la Merced. En 1844, el entonces alcalde de la capital, Olózaga se encargó de limpiar el terreno, plantar unos árboles y poner el nombre inicial de la Plaza del Progreso.​ La medida de Olózaga irritó al Ministerio de la Gobernación por haber dispuesto sin consultar de un terreno del Estado, a lo que respondió Olózaga que realizó la limpieza del solar atendiendo a medidas de higiene pública. Pasado el tiempo, en el 2008 la plaza se renovó ampliando su zona peatonal, se instalaron quioscos formando un mercado de flores, se plantaron unos plátanos de sombra, y se renovó el mobiliario urbano.

En lo que se refiere a los puestos de flores, el estudio de Arquitectura ARQA antes de definir su proyecto utiliza una cita que encaja a la perfección con su cometido. "La flor que amas no corre peligro... Dibujaré una armadura para tu flor" El Principito, Antoine de Saint-Exupéry ( por cierto uno de mis libros más queridos) y eso fue lo que hicieron sus arquitectos, que lo definieron así: " Al abrirse, el puesto se configura automáticamente en una grada/escalera donde el comerciante dispone el género. Al cerrarse, el puesto se transforma en una coraza para las flores. Toda la atención se traslada a la parte posterior donde el último escalón se convierte en un pequeño escaparate a la calle" .

Los 8 puestos de flores se bautizaron con nombres de algunas de las comedias de Don Tirso, “El Amor y la Amistad”, el “Amar por arte Mayor”, “La Huerta de Juan Hernández, La Beata enamorada, o Marta la piadosa. Jesús vive en la misma Plaza, aquí fijaron su residencia personajes tan importantes como Joaquín Sorolla o los hermanos Bécquer y hoy en día también viven aquí otros artistas contemporáneos. Después de despedirme de Jesús, elegí el puesto más soleado para comprar mis flores y en el momento en que la vi menos atareada, le pregunté a María por el nombre de su establecimiento - "La Beata enamorada" - me dijo. Por un momento me volví loca ante el espectáculo de luz y color que se presentaba ante mis ojos, se me alegró el alma y tuve un flechazo inesperado con unos lirios azules, lástima, no eran de campo si no cultivados pero con igual y fascinante contraste de colores en sus pétalos.

He buceado un poquito en cómo se llevó a cabo la adjudicación de estos kioscos a sus propietarios, en la Página de El País, Miguel Ezquiaga Fernández, en la sección Madrid, escribió un artículo al respecto Floristas en peligro de desahucio. Es un dato.

El próximo día visitaré el puesto de mi tocaya Marta la Piadosa, aunque, después de conocer la definición del vocablo de origen latino pietas - sentimiento que impulsa al reconocimiento y cumplimiento de todos los deberes, no solo para con la divinidad, los padres, la patria, los parientes, los amigos, sino para con todo ser humano, pensé que la pobre Martita llevaba sobre sus hombros una losa tan pesada como las que ocultan los restos de los monjes Mercedarios de la parada de Metro, pero esa es otra historia interesante y curiosa, nos la cuenta Rafael Fernández en la Página de La Razón MADRID VIVA.

Yo me quedo con mis lirios azules, sosegada y despreocupada, feliz como una perdiz.

!Qué gran momento el de la reconciliación!