Os presento a Concha, la vallecana que no se rinde.



!Soy afortunada! me han hecho el mejor de los regalos, llevaba tiempo observando el puesto de flores de Concha y hoy por fin nos hemos presentando, ella no trabaja en una floristería ni tiene un kiosco, eso es caro, es una pequeña empresaria del barrio, un negocio de toda la vida, muy sacrificado pero !precioso! Desde hace más de cuarenta y tantos años en una esquina del barrio, Concha monta su tenderete de malla, nada de sombrillas ni toldos de buena tela. Igual que muchas madres, tuvo la suerte o la desgracia de tener que acudir a su trabajo con su bebé, ese que hoy, convertido en un hombre hecho y derecho, descarga, carga y repone ramos y bidones de agua para ella.



Las flores son como los bebés, tienen muchas necesidades pero una vez cubiertas, son agradecidas, como los bebés. Concha hoy me ha alegrado el día porque con 4 peonías y todo lo que he pillado por casa he conseguido un centro que es primavera en estado puro.

Y es que aún se disfruta más haciendo lo que viene en llamarse "darle una vuelta", porque alargarles la vida es un placer la verdad, cambiar el agua cuando cambia de color y se pone fea, cortar los tallos, añadir unos polvitos mágicos, cortar hojas secas o dejarlas si son bonitas, salir al campo y volver con florecillas, ramas, floripondios, volverte loca buscando por la casa flores secas, o de plástico que dan el pego...al final todo encuentra su lugar !es pura magia!


Y ahora ,si os digo que estoy deseando que se sequen mis peonías, no es por otra cosa que por las ganas que tengo de volver a hablar con Concha !cómo lo vamos a pasar y cuanto voy a aprender!


P.D.

Cuando me marchaba me dijo "pregunte usted en el barrio a mis clientas, si pueden decirle algo malo de mí"

No hay más que verla, la cara es el espejo del alma, !tiene una cara de buena!.