La maldición de la Dama de Shalott, que vio los lirios florecer.



Hace unos días fui invitada a asistir a un evento muy especial en la librería Sin tarima de Madrid, un encuentro entre dos poetas Jesús Urceloy y Luis Alberto de Cuenca con la asistencia de los alumnos de los talleres de poesía de Urceloy.

La historia de «Elaine de Astolat» es un tema recurrente en las obras de arte inspiradas en el Rey Arturo.


Con estos nueve versos comienza la balada de Alfred Tennyson, La Dama de Shalott, traducida por Luis Alberto de Cuenca en el año 2020, ya en 1978 en su obra "Museo" recogía su primera traducción ahora revisada y mejorada de nuevo por su autor. Así comienza el romance y así termina la maldición de la Dama de Shalott:


Por donde el rio fluye, a ambas riberas,

dilatados plantíos de cebada y centeno

revisten hasta el cielo la campiña,

y, a través de los campos, un camino conduce

a la muy torreada Camelot;

las gentes van de un lado a otro,

contemplando los lirios, cómo florecen

sobre los bordes de una isla, allá abajo,

la isla de Shalott.

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Dejó ella su tejido, dejó el telar

en tres pasos cruzó la habitación.

y vio la flor del lirio acuático,

vio el yelmo y el penacho, y su mirada

se dirigió hacia Camelot.

Fuera voló el tejido y flotó en la distancia:

de parte a parte se quebró el espejo.

"Sobre mí ha descendido la maldición", gritó

la Dama de Shalott


No son muchas las traducciones que se han hecho al español de los poemas de Tennyson. El gran escritor argentino Jorge Paoloantonio tradujo también a la Dama de Shalott:


A las márgenes del río, allí se extienden

campos anchos de cebada y centenp

que revisten desde el llano hasta su cielo;

y los cruza aquel camino que conduce

a las torres: Camelot

Y la gente viene y va mirando fijo

al lugar donde los lirios florecientes

forman ronda de una isla, allí debajo:

es la isla de Shalott

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Dejó ya su trama, paró su textura, Cruzó con tres pasos su viejo aposento Miró aquellos lirios: los vió floreciendo; Miro ya aquel yelmo, miro aquella pluma Dió su rostro a Camelot Y el tejido se voló y flotó extendido, Y el espejo se quebró de lado a lado. “La desgracia me alcanzó” –fue el alarido de la Dama de Shalott.


Jorge Paoloantonio

He de decir que el poema traducido por Luis Alberto de Cuenca me ha cautivado y en ese estado me tiene, leer algunos de sus versos antes de dormir me produce un placer sosegado, algo así como sentir la caricia de unas sábanas recién planchadas. Me transportan dulcemente a ese lugar de ensoñación, de luz, traducida por de Cuenca, en un verso claro y sencillo, más frescos, más cercanos que los de Paoloantonio. Al atardecer de una noche calurosa de verano, puedo sentir el olor a trigo segado y como Picasso en el cuadro de Los Segadores de Picasso, el artista te introduce en la escena.


El pintor John William Waterhouse personificó viva a Elaine aunque otros artistas la simbolizaron muerta. Waterhouse desarrolló tres obras sobre «La Dama de Shalott» y siempre recreando los poemas de Tennyson.


Y de esta forma tan bella fue interpretada la Dama del Lirio por Sophie Gingembre Anderson en 1870:



En la época victoriana triunfó esta versión de Lord Tennyson. Los poemas Idilios del Rey, son doce poemas publicados a lo largo de varios años a partir de 1832, y hablan sobre los personajes del Reino de Camelot, sobre «La Dama de Shalott», Elaine, y también sobre el porqué del final del reino.

En «La Dama de Shalott» de Lord Tennyson se representa a una mujer inalcanzable que su amor por Lancelot la aparta de las sombras en las que vive y será maldita hasta la muerte, confinada en la torre de un castillo donde teje sin parar noche y día; los campesinos la han oído cantar pero nunca nadie la ha visto. Una maldición se cierne sobre ella: si mira por la ventana en dirección a Camelot. Su comunicación con el mundo exterior es a través de un espejo donde puede observar Camelot e interpreta y recrea las aventuras de los Caballeros de la Mesa Redonda en las telas que hila. Pero un día, en el espejo, verá la imagen reflejada de Lancelot con su armadura y se enamorará de él. Sin pensarlo, mirará por la ventana para observarlo y dejará de tejer. En ese momento el espejo se romperá y las telas saldrán volando por la ventana. La Dama de Shalott se sube a una barca y partirá hacia Camelot. Mientras el bote se dirige río abajo, la oyen cantar su última canción.

Nunca entendí bien por qué ni para quien escribí estos versos hace más de quince años, ahora se que fueron un simple retazo, un esbozo de lo que hoy me inspira esta historia, el preludio de un poema más extenso de este romance de la bella Lilly Maid, la Dama de Shalott:


Sólo Dios sabe por qué no cayeron los pétalos del lirio,

el lirio desconoce la belleza de lo efímero,

si tu cuerpo roza sus pétalos marchitos...

ya nada te salva