Echad margaritas a los cerdos, les gustarán.




"De cuando en cuando, vuelve la cabeza y arranca las flores a que su bocota alcanza. Las campanillas, níveas y gualdas, le cuelgan, un momento, entre el blanco babear verdoso y luego se le van a la barrigota cinchada"

No, no estoy hablando de este adorable lechón ni soy yo quien lo dice. Se lo dice Juan Ramón Jiménez a Platero.


"... !Quién como tú, Platero, pudiera comer flores...!y que no le hicieran daño!"




Quizá Juan Ramón desconocía que comer flores pudiera ser beneficioso también para los hombres, pueden aportar a nuestra dieta innumerables beneficios, además, hace ya un tiempo que los grandes cocineros las utilizan como adorno para dar una nota de color a sus platos.

Si las condiciones climáticas lo permiten, la margarita de los prados puede florecer también durante el invierno. Una flor de apariencia tan humilde se ha hecho muy presente en nuestra vida cotidiana. Estoy pensando por ejemplo en Isla Margarita, la Pizza Margarita, el Cóctel Margarita o mi prima Margarita.


Las margaritas tiene tantas propiedades que no se en qué están pensando en la OMS para no recomendarla como un "super alimento". Es cicatrizante, antiinflamatoria, diurética, depurativa, sudorífica, digestiva, regula la presión arterial...

La ensalada aliñada de hojas de margarita frescas, mejor tierna y combinada con hinojo y diente de león está rica, eso dicen, tiene un sabor dulce y ligeramente amargo. También se pueden cocinar tanto sus hojas como sus flores en sopas, guisos, tortillas, etc.

Aunque en mi opinión, la receta estrella es la de Margarita con esencia de azahar de Rubén Darío.





Inspirado en Margarita Debayle, hija de su médico de cabecera. Parece que la familia invitó al poeta a la casa que tenían de veraneo y allí, una tarde, la pequeña Margarita le pidió que le escribiera un cuento. Y así Rubén creó este bello poema, poema “A Margarita Debayle”.


Margarita está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar; tu acento. Margarita, te voy a contar un cuento:

Éste era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha del día y un rebaño de elefantes,

un kiosko de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita, tan bonita,Margarita, tan bonita como tú.

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Ana Belén tiene una canción que se titula así, Echar margaritas a los cerdos, pobrecillos, quien nos dice que ellos no aprecian una sabrosa margarita como las que mordisqueaba Platero en los prados de Moguer o... un coqueto collar de perlas, ahora os explico por qué.



Fue San Mateo el culpable de la dichosa frasecita. “Nolite dare sanctum canibus neque mittatis margaritas vestras ante porcos, ne forte conculcent eas pedibus suis et conversi dirumpant vos", dicho en cristiano, “No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen”.


La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define a la margarita como flor pero también como perla o molusco de mar. Las perlas de los moluscos también son denominadas margaritas y de ahí que en la expresión se utilice una u otra palabra indistintamente.




«Echar margaritas a los cerdos» significa ofrecer tu generosidad o tu delicadeza a alguien que no sabe apreciarlos. Hace años yo tuve un cerdito pelirrojo que se llamaba Peporro, era casi un bebé, os diré que provocaba en mí más sentimientos de ternura que el cerdo de Eugenia Martínez de Irujo, ya "metidito" en carnes. Era como un perrillo pero claro sus chillidos le delataban, se trataba de un puerco (la palabra es correcta y no tiene por qué ser ofensiva). Quería que se sintiera bien desde sus primeros pasos, ser un cerdo no debe ser fácil. Así es que lo "tuneé, por decirlo de alguna manera, para pasearlo con otros andares más elegantes de los que le son propios. Le compré un collar de cuero adornado con rosas amarillas de pitiminí que compré en un chino y le puse una plaquita con su nombre, Peporro. Le favorecía mucho, pero un día se escapó, !menudo disgusto! Cuando por fin lo encontré estaba en medio del prado mordisqueando margaritas como Platero en los campos de Moguer. Peporro se lo merecía todo, rositas de pitiminí y margaritas para desayunar. Luego la vida...pone a cada uno en su lugar.