Creced y multiplicaos


Las flores son inteligentes, muy inteligentes. Y estoy comenzando a observarlas como lo hacía cuando era niña y tenía un lirio enano entre mis manos, me sentía plena, toda la belleza del mundo en mi mano.

Los colores del lirio enano representan los opuestos en el círculo cromático, el violeta y el amarillo, ese maravilloso contraste de colores , hacia el interior de la flor cautiva y deslumbra a cualquier polinizador, son florecillas coquetas, seguras de que ante su secreto más profundo ningún amante furtivo se resistirá.

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Maurice Maeterlinck, Premio Nobel de Literatura, fue un naturalista con alma de poeta o quizá un poeta que

observando la naturaleza rastreó la belleza más recóndita del Universo, a la cual, la mayoría de los hombres no estamos atentos. Ahí es nada. Difícil empeño. El caso de las flores llamó la atención de Maeterlinck en tanto que ellas viven desde mucho antes de que existiera el hombre, en función del amor, y en su libro "La inteligencia de las flores, narra el caso de una planta y una bota vieja que le impedía crecer, para sortearla se bifurcó en pequeñas raicillas cada una de las cuales penetraba por la costura como si se tratara de una hebra de hilo, una vez sorteado el obstáculo la raíz proseguía su camino. Un episodio que demuestra que la flores son inteligentes.


En todo caso, fue un hombre que buscó lo inexplicable que se oculta tras lo visible. Sabiendo que no somos los únicos seres inteligentes que habitan el planeta, y consciente de que la naturaleza a través de sus especies manifiesta un complejo mecanismo de pensamientos y así lo manifestó en La vida de las abejas, La vida de las hormigas y La inteligencia de las flores.

La necesidad de "ser" de las flores, su anhelo, hace que aparezcan en el mundo con un gran esfuerzo que aspira hacia la luz y hacia el espíritu,. Maeterlinck aclara no ser un especialista en botánica. Es tan sólo un hombre que observa el devenir de la inteligencia en sus jardines, en los bosques y en los caminos que a veces toma para respirar el milagro de la vida. Su tarea, en este inolvidable libro, no es aportar descubrimientos, sino transmitir algunas observaciones elementales.

Por ejemplo, nos sentimos conmovidos ante los estambres de la vallisneria, una planta acuática que sacrifica su fugaz vitalidad para caer en el ámbito de unos pistilos que se creían inalcanzables. Los juegos enrevesados pero siempre jubilosos del amor.

En el inicio de mi blog, anterior, Enlaflordelavida.com incluí, y no por casualidad, esta imagen. Se trata de la primera flor que habitó en la Tierra,

Los primeros fósiles de esta planta acuática fueron descubiertos por primera vez en los depósitos de piedra caliza de la Cordillera Ibérica (España) y también en la Sierra del Montsec de los Pirineos, cerca de la frontera con Francia. Y se estima que pueden tener de 100 a 130 millones de años.


Monteschia, es la primera planta conocida .

Montsechia no posee partes de la flor obvias como pétalos o estructuras productoras de néctar para atraer a los insectos, y vive todo su ciclo de vida bajo el agua. ”. Todavía hay mucho por descubrir acerca de cómo algunas especies tempranas de las plantas con semilla finalmente dieron lugar a la enorme y hermosa, variedad de flores que ahora pueblan casi todos los ambientes en la Tierra.


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La inteligencia por desgracia no siempre lleva consigo bondad.

Las malas hierbas por ejemplo son avasalladoras, no respetan nada a su paso pero quizá deberíamos poner en valor su valentía y arrojo por sobrevivir. Al final a veces predomina la ley del más fuerte.


Os dejo con la prosa poética de Maeterlinck, en mi opinión las más bellas reflexiones que se hayan hecho jamás sobre las flores.

Propagar la vida, ante la evidencia de la disolución total, es como las flores susurran su inteligencia. Y ésta no es simple y repetitiva. Al contrario, evoluciona de forma sutil a través de los años. Sobre el vacío del tiempo las flores han ideado su delicada filigrana de sentimientos. Filigrana que, al modo de un pensante fluido universal, se esparce sobre la ilusión de la vida.

Maurice Maeterlinck